Archivo diario: diciembre 27, 2010

pasando las horas en la catedral sumergida

En medio de la catedral sumergida, cuando el azul del agua del mar es oscura, de un azul, de un azul tan profundo, tan intenso, que es imposible ver en la realidad, algo así, como el azul de los cuadros de Van Gogh.

Flotando, y a veces sintiendo la gravedad que me ayuda a pasear por sus naves, sus enormes naves, arcos apuntados, y vidrieras por las que se filtra la luz coloreada a traves del agua, y se ven los colores, que no se proyectan en el suelo, juegan en el agua, y se mezclan con la corriente, y tu, en medio..sintiendote pequeño, ante un espacio tan diafano, y la belleza está por todos lados, no hay nadie, intentas devorarlo todo con los ojos, y sin entender porqué, no hay angustia, puedes respirar bajo el agua.

Debussy escarba en tus oídos, hace una galería dentro de tu corazón, casi duelen esas notas de piano, y todos los sentimientos malos, ndejan de serlo, te sientes libre, y la bondad que te inspira esa música, te hace sentir como un ser etéreo…el miedo se disipa…odias todo el daño que provocas, porque cada ser humano es una arma de palabras, palabras que se disparan con una fuerza que lo destruye todo a su paso o crea…crea universos…y es tan complicada esa dicotomia, que al tratar de comprenderlo parece que la razón resbala por tu cuello y solo puedes sentir

Pero..qué vas a hacer ahora?ni siquiera llueve y tu corazón ni tan siquiera te dirige la palabra…estás de espaldas de nuevo y caes enfermo, porque el dolor del alma pasa a ser físico y no entiendes nada, el camino se retuerce y no sabes como seguir, te estás perdiendo entre los árboles, estás asustado, pero a la vez, no quieres que nadie te encuentre.

No quieres escuchar más palabras, solo la música, eso será suficiente. a veces te sientes como una pieza más en este juego, de oferta y demanda, resulta tan cruel…

Un lobo cruza los almanaques y se detiene en diciembre, dejó sus huellas dispersas por todo el año, dejó una lágrima el día menos pensado, y se paró a tomar aliento en octubre y en sus hojas amarillas.

Parece mentira que el río crecía y no pudiéramos verlo, que se tragara las piedras que lanzaba cargadas de melancolía y norte, cargadas de miradas al suelo. Es una reminiscencia temprana la de estos días, es una mañana sin café, como mis pasos sin prisa.

Fotografiar la noche sin apoyo resulta complicado, medir la luz en los escaparates, que por fin nos dieron algo que no se consume, y había aún más picardía en mis rizos rojos que en mi sonrisa, y entonces había más vida en mis pecas que en mi mirada. Una mirada de objetivo, un corazón de fotómetro, siempre subexpuesto…

 

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