Archivo mensual: abril 2011

Sólo está lloviendo!

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Salón mental

Silencios de lluvia

Fue un jueves de lluvia, de querer lloverme hacia fuera. En el coche, camino a Toledo, la lluvia golpeaba el cristal como la metralla en un coche blindado: eran proyectiles de agua que se me  insertaban en el pelo y en el lagrimal sin pedirme permiso, parecía que las gotas sabían de mi complacencia. Hubo silencios de lluvia bajo los puentes; mientras caía la tormenta, marcaba su compás, con el crescendo de algún trueno: me recordó a la tormenta de la Pastoral, pero más cotidiana, más íntima. De súbito, me asaltó la idea de grabar aquella pieza musical tan hermosa, mientras dentro del coche, sonaba otro piano ejecutado por un pianista francés, que soñó que Satie y Chopin se conocieron en un viejo café Belga, con la presencia de aquellos que no huyen de la lluvia.
Todos ellos tomaron un café cargado de esas palabras que no se mojan, diluyendo antes el azúcar con un rápido movimiento de las cucharitas, retrovisores donde de vez en cuando, enfocan un tiempo que ya fue, un lugar que ya no existe.

Deja un comentario

Archivado bajo intentos

Crazy indeed…(me)

Deja un comentario

Archivado bajo De mi BSO

Satie…

Deja un comentario

Archivado bajo De mi BSO

Atardece entre las ruinas del expolio

Venían los de Praga: la tarde se gastó entre alientos del Moldava y aspavientos de brazos (dicen que cuando hablo con entusiasmo parece que voy a echar a volar). Se me hacía extraño volver a tenerlos delante,he hechado de menos a Silvia en tantos cafés, que dejaba palabras guardadas en los posos, por si entraba con prisa por la puerta, quitándose sus gafas de sol y retirándose el pelo de la cara, desordenando todo a su paso, con esa pulsión de vida que emana sin darse cuenta, a mil revoluciones por minuto.

Ahora los tenía frente a mi, como si la ausencia se hubiese partido por la mitad y no supiese asumirlo: inmediatamente mi cuerpo reaccionó relanjando mis músculos y mis pensamientos. En algunas trazas de conversación, permanecía adormecida mirando a la calle desde el cristal de la cafetería, escuchando el murmullo de sus voces envolviendo la escena. “Os hemos traído unas cositas”, qué regalos tan acertados son Dvorak y Kundera, qué insoportable es la levedad de estas visitas, diría yo; y, con perdón de un colega, me está gustando bastante el libro, tendré presto el lápiz, para subrayar…

Salimos a pasear por la Ciudad Imperial, me relajaba mirando en sol declinar entre los árboles, ellos no se enfadan, les son muy familiares mis pequeñas ausencias para mirarlo todo, ese peculiar recoger imágenes durante el día al que no puedo renunciar. Ángel también tiene sus ausencias, adorables en algunos casos, insoportables en otros, pero siempre peculiares: tan pronto gira el tema de conversación hacia lo más inverosímil, como hacia la controversia más plausible, él es así.

La caída de las revoluciones de finales de los 60, salpicaban la espuma de la última cerveza de la tarde, la conversación no se apagaba: nos quedamos a charlar frente a los coches, y cansados de estar allí de pie, nos pusimos a dar dos o tres vueltas a la misma manzana, percatándonos del hecho a la tercera vuelta, cuando nos paramos a mirar los bombones de un escaparate, en un salival silencio.

Nos despedimos, y por fin en el coche, camino a casa, escuchamos RNE Clásica, Schumann, estupendo como siempre, puso vértice final a una de esas tardes en las que todo parece posible: una tarde en la que parecía factible cambiar el mundo, o al menos, el querer intentarlo.

2 comentarios

Archivado bajo intentos

Domingo sol, fa, mi…

Mientras detrás de mi toca el piano (siempre esas malditas piezas que no logro identificar…Bach, seguro), recuerdo que se guardó para el final el claro de luna, en aquel concierto al que nunca asistí. No tocó a Beethoven, porque faltaba mi cara entre el público, pero el día que regresé a su sofá, lo tocó de improviso, como ahora lo hace, detrás, justo detrás de mi. Aquel día, aquel arpegio lunático, me hizo llorar en silencio escondida en un cojín, mientras las cosas recuperaban todo el sentido del mundo, y el miedo, mientras tanto, se acomodaba en los libros de poesía que guardo en el cajón junto a la ropa interior, como si fueran un secreto. No puedo dormir sin leer algo antes: los versos o las novelas sustituyen el orfidal, somos animales de costumbres.

Estos días hemos estado tocando, de hecho, hemos tocado tanto, que las yemas de los dedos de mi mano izquierda se han vuelto moradas: de como los instrumentos que tocamos siempre dejan huella en nuestro cuerpo, como una señal externa, como una conexión. El año que viene lo pasaremos por tierras germanas, y parece que lo que más nos preocupa son los libros y los instrumentos: la octava es la turbulencia del avión mientras sobrevuela Francia.

3 comentarios

Archivado bajo intentos

Psicología de folletín y otras recetas de conquista

No te permito ni la potestad de la ira. Es irrisorio.

No, adoleces de psicología barata, de caminos que conozco de memoria. Normal por decisión. Uno más por decisión. Te vendiste, te traicionaste a ti mismo por decir sí, por asentir como todos y negar cuando te lo ordenaban. Y ahora me doy cuenta de que simplemente no había nada, qué sorpresa descubrir que no hay entrelíneas, qué capricho, qué desconcierto la corteza de árbol que cubre tus manos.

No sé cómo explicarte: ¿Cómo definir un juego sucio, mientras piensas que me lo trago todo como un gargantua gigante de cartón piedra?

Escaneas tu vida y no quiero estar presente: no quiero que me vendas nada más.

Ya no soporto que creas que no conozco la estrategia cuando está tan gastada, la estrategia del reptil frente a las patas de un caballo que descubre fuentes. Por eso ahora encajo piezas que nunca existieron en realidad: una receta para conquistar, sin ser lo que decías por la boca, ni pretenderlo. Tú no tienes dos caras, no hay más fondo, no hay más; eres como uno de esos personajes planos que caminan por la vida como si nada, haciendo de la misma acontecimientos que se repiten una y otra y otra vez. La palabra que colmó el vaso, el paso del ser al no ser que terminó con mi paciencia.

¿Crees que vivir es como jugar una partida de Risk? Lo que crees es que las personas que te rodean son los soldaditos de plástico, que nadie se entera de nada mientras tú los llevas y los traes como te apetece. Una prueba, dos, tres, esto parece el Gran Prix, y tú sin darte cuenta de lo patético que resulta.

El juego del oscuro irresistible, de ir probando por si de algún modo presionas el botón de mi interés. No, no, no. Aprendo el no y como dijo un Lobo, tercera lección.

La caricia se transforma en arañazo. Ya lo decía Hume, causa efecto no están conectados, tu carácter está redactado en columnas, como la lista de la compra.

Cristal y metal contra las marcas de cantero….

Explanations…bla…bla….bla……..

Cansancio.

4 comentarios

Archivado bajo epistolario, Uncategorized