Archivo mensual: mayo 2011

El cadáver exquisito ( by Lobo & Ciel)

Me fui a planchar una camisa

cuando la gente bailaba tangos de Gardel

en quiosco del retiro

contra ángeles provistos de olvido en sus alas

y corazones que se dan la vuelta como calcetines

¡A la orden!

Bienvenidos náufragos al candor de las centrifugadoras,

pasen a los ojos de los empiristas muertos,

uno, dos, tres…

el agua trae gatos de otro día,

podemos verlos claramente

en lo que se va y nunca vuelve,

cuando el deseo
canturrea canciones, en francés, mientras cocina.

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Pintando

Estos días estoy viendo demasiados escarabajos boca arriba secados por el sol. Me dan unas imágenes bastante interesantes para pintar un cuadro al más puro estilo de: “Escarabajo muerto junto a la junta de una baldosa”. El asunto real de mis pinturas viene después, siempre surge de una imagen imprevista y se desarrolla a través de ella, algo así como un fuego artificial. Se me ocurriría pintar también en ese cuadro un teléfono, un libro saliendo de un teléfono: hoy me han dado la noticia de que vuelvo a ejercer de bibliotecaria, no está mal, es un plan estupendo para este verano siempre que no me coloquen en acceso. Es bonito descubrir lo que la gente lee, poder decirle a alguien: “El que se lleva es un gran libro”, o “tiene muy buen gusto musical”.

¿qué más pintaría en ese cuadro? veamos…ah, sí! el otro día estuve en una tienda de electrónica, conocida como worten, buscaba un pen drive sin éxito, así que, cuando vi a un chico con un polo naranja y el pelo recogido en una coleta, me acerqué a él y le pregunté:

-Perdone, ¿podría indicarme dónde están los pen drive?

-Emm…Yo no soy del worten

-Ah…-mi cara adquiría mientras tanto la rojez de la cáscara de un cangrejo cocido-es que como vas de naranja…

Me escabullí de su vista caminando hasta el fondo de las estanterías, junto a la sección de videojuegos, y no salí de la dichosa tienda hasta que él se marchó. Eso podría transformarse en una grieta (que hubiera deseado que me tragara)

Por lo demás se puede hacer un mejunje con sábanas tendidas, llaves colgando de cerraduras y tarde de viernes aburrida (con zumo de naranja y sin cigarrillos).

Uno de los dibujos a los que tengo más cariño es este que dejo aquí, en principio salió de la ilustración de una camiseta, después se fueron incorporando la tinta, la sombra, la pantera y un reloj sin manecillas. Mataba el tiempo a pisotones,a pasos.

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Un sueño maravilloso

Me he despertado muy contenta, recordando, mientras me vestía las imágenes de un sueño genial. Lo voy a narrar tal y como lo recuerdo:

Estaba en Berlín. Nadie decía que eso era Berlín, no había letreros ni carteles, pero yo sabía que estaba en Berlín, y que estaba además en uno de los maravillosos museos de esta ciudad. En este museo había una exposición del cubismo picassiano, y yo iba mirando los cuadros, asombrada por todo lo racional que tiene el cubismo: no pinta lo que ve, sino lo que conoce. De pronto, sacaba un cuaderno viejo que tenía guardado en una bandolera marrón que utilizaba cuando tenía 15 años, en ella solía llevar los carboncillos y los papeles para pintar en cualquier lugar y en cualquier momento. En ese cuaderno se encontraban los bocetos originales que Picasso trazó para los figurines de la obra de teatro de Alarcón “El sombrero de tres picos”. Allí sentada en medio de la sala (una estancia bastante parecida a las que puede haber en el Museo del Prado) hojeaba los bocetos totalmente maravillada, para guardarlos de nuevo en mi vieja bandolera. Continué viendo los cuadros, tan detenidamente como suelo, cuando, de pronto, un señor de unos 65 años, se me acercó y me dijo:

– Sé que los tienes tú.

– Yo no tengo nada, se lo juro- respondí dando un paso atrás y protegiendo la bandolera con el brazo

-La gente pagaría mucho dinero por ellos- dijo el desconocido, con una mirada inquisitiva, que parecía echarme un pulso

– No están a la venta- añadí antes de perderme entre la gente que pululaba por las salas del museo, después, eché a correr, aprentando contra mí mi vieja bolsa de secretos.

De pronto vi por dónde huir: ante mi se encontraba la pirámide invertida del Louvre, sí, dentro de un museo de Berlín, y en este caso tenía una escalera en su interior: un juego bellísimo de luces y sombras muy contrastadas se dibujaba ante mi vista, los ángulos, la luz tan fuerte que entraba por la cristalera de la pirámide y la oscura escalera. Todo ello lo veía desde abajo, situada en una esquina, como si aquello fuera un encuadre de una película de Robert Wiene. Veía mi figura oscura, subiendo la escalera a toda prisa, en aquel espectáculo de luz, con los bocetos de Picasso pegados a la cintura.

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silencio

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nada mejor que hacer

Sólo necesitaba fumar un cigarrillo en el aparcamiento, el mejor momento del día. No quería entrar al maldito centro comercial, no hay nada mejor que hacer (¿?), llueve. Pasé una mala noche, totalmente adormilada, caminaba despacio entre la gente, llevándome codazos de todos. Alrededor todo sucedía muy deprisa y me vi desde fuera, como una de esas películas que enfocan a la chica que no habla, parada ante un montón de miserias, de tiendas, de luces, de voces. El apocalipsis en un centro comercial: el capital humano, los cuadros de Klimt mal copiados se venden como rosquillas, señor!….mejor me voy a ver libros. Odio los Best Seller, los mejores libros están escondidos, lo sé bien. Lo que daría por una buena biblioteca abierta los sábados por la tarde. Me vienen los recuerdos, el olor de los libros en los que me envolvía los primeros años de carrera: faltaba a todas las clases y me pasaba las horas sentada en el suelo entre las estanterías leyendo poemas, novelas, leyendo los nudos de la madera, mirando el cielo, como esperando algo o a alguien. Después me iba a casa en autobús, feliz conmigo misma y con un montón de páginas sobre las rodillas. ¿No hay nada mejor que hacer?… ¡los grandes libros hay que olerlos!

Fotografía por O.G.U.

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