Un sueño maravilloso

Me he despertado muy contenta, recordando, mientras me vestía las imágenes de un sueño genial. Lo voy a narrar tal y como lo recuerdo:

Estaba en Berlín. Nadie decía que eso era Berlín, no había letreros ni carteles, pero yo sabía que estaba en Berlín, y que estaba además en uno de los maravillosos museos de esta ciudad. En este museo había una exposición del cubismo picassiano, y yo iba mirando los cuadros, asombrada por todo lo racional que tiene el cubismo: no pinta lo que ve, sino lo que conoce. De pronto, sacaba un cuaderno viejo que tenía guardado en una bandolera marrón que utilizaba cuando tenía 15 años, en ella solía llevar los carboncillos y los papeles para pintar en cualquier lugar y en cualquier momento. En ese cuaderno se encontraban los bocetos originales que Picasso trazó para los figurines de la obra de teatro de Alarcón “El sombrero de tres picos”. Allí sentada en medio de la sala (una estancia bastante parecida a las que puede haber en el Museo del Prado) hojeaba los bocetos totalmente maravillada, para guardarlos de nuevo en mi vieja bandolera. Continué viendo los cuadros, tan detenidamente como suelo, cuando, de pronto, un señor de unos 65 años, se me acercó y me dijo:

– Sé que los tienes tú.

– Yo no tengo nada, se lo juro- respondí dando un paso atrás y protegiendo la bandolera con el brazo

-La gente pagaría mucho dinero por ellos- dijo el desconocido, con una mirada inquisitiva, que parecía echarme un pulso

– No están a la venta- añadí antes de perderme entre la gente que pululaba por las salas del museo, después, eché a correr, aprentando contra mí mi vieja bolsa de secretos.

De pronto vi por dónde huir: ante mi se encontraba la pirámide invertida del Louvre, sí, dentro de un museo de Berlín, y en este caso tenía una escalera en su interior: un juego bellísimo de luces y sombras muy contrastadas se dibujaba ante mi vista, los ángulos, la luz tan fuerte que entraba por la cristalera de la pirámide y la oscura escalera. Todo ello lo veía desde abajo, situada en una esquina, como si aquello fuera un encuadre de una película de Robert Wiene. Veía mi figura oscura, subiendo la escalera a toda prisa, en aquel espectáculo de luz, con los bocetos de Picasso pegados a la cintura.

5 comentarios

Archivado bajo Sueños

5 Respuestas a “Un sueño maravilloso

  1. Proteger lo inefable con el propio cuerpo, imaginar la existencia de unos bocetos in-existentes y en Berlín/París. Me voy a pedir plaza para el próximo, con protector solar. ¿Terminó el silencio?
    Besos por sueños.

  2. Aunque en medio de por lo menos mil cosas, entre ellas exámenes, el sueño rompió el silencio, como manifestándose en medio de todo este ritmo infernal.

    Mis sueños son muy simbólicos, en algunos incluso leo en latín y expulso espíritus materialistas de las personas (como los del jinete azul lo hacían del arte): Exire ab ea! (además lo pronuncié en voz alta, y por eso me desperté), creo que Freud se lo pasaría genial con mis sueños.

    En esta categoría, iré recopilando algunos de esos que, cuando me despierto, me hacen pensar en ellos durante el día y desear volver a soñarlos durante la noche.

    El sueño se impone con bocetos, con Picasso y con lo que no tiene precio.

    Ciel.

  3. sulle

    Dear Ciel:

    Sintiéndolo mucho -porque los sueños me suelen interesar más de lo debido-, debo decirte que todos los sueños relacionados con Berlín, Hungría y Cadalso de los Vidrios son de competencia exclusiva del camarada Lobo. Si sueñas sobre Galicia, dínoslo porque eso lo llevamos a medias.

    S.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s