Archivo mensual: noviembre 2011

Del andén al boulevard (el vaciado)

Tú…tienes la decisión de la tempestad. (J)

Me cortó en seco con sus palabras, mientras mi fuerza se proyectaba hacia fuera, abriendo mucho las manos, peinando el aire.

Salto, de andén en andén, pienso en escribir en mi cuaderno algunas historias a lo Ignacio Aldecoa, hablar como lo hacen los cuervos: en lo alto de las veletas.  Paso mucho tiempo en los trenes, miro los rostros de la gente reflejados en los cristales, escucho conversaciones en otro idioma, como murmullos de oraciones que se elevan pesadas, igual que el humo de mi cigarrillo acariciando sus pestañas.

Voy buscando copas de vino por el boulevard, tropezando con los adoquines, desorientada por las luces de navidad. No doy con el tamaño adecuado, pues han de saciar la sed que produce occidente, y al brindar han de esparcir sus vibraciones sonoras y reventar los oídos de todos estos muertos vivientes, Nosferatus desdentados en este film de actores mudos. Las ausencias también se cobran, tienes que pagar por dejar un hueco en alguna casa, a 18 kilómetros de vete a saber dónde. Te sientas en una parada de chapa a las siete de la mañana, miras el musgo que crece entre las baldosas y te preguntas: ¿Cómo he llegado aquí?. Y no, en ese momento no estás para inferencias causales.

Ahora, tras el champán de la red, bebemos explicaciones viejas, perdidas en el calendario. Sigo el ritual: al llegar, prendo todas las velas, apago las luces y me siento a vaciar mi corazón, como una calabaza de Halloween, esparciendo sus tripas por el suelo, tallando arabescas en la corteza. Es mi crimen perfecto.

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