Los doce trabajos

Porque nos ponemos así cuando llueve y tiramos las miradas al suelo, pegajosas, como trozos de mermelada. Siento como me sube el NO a la boca del estómago mientras guardo la compostura, sentados en la misma mesa, removiéndonos en el asiento. Me pregunto porqué cedí, porqué escucho todas esas opiniones disfrazadas de consejos. No tiene lugar la discusión y todos hablan a la vez, se me mezcan en el cráneo las palabras.

Pero ya está, el pánico vuelve al imprimir fotos de pareja, como un mal presagio. Me enfrento a la impresora totalmente decidida y serena, como si fuera a vencerla. Los doce trabajos. Pienso en las veces que se nos entierra antes de morir, metiendo todo nuestro amor en cajas, las cartas, las postales, las fotografías, el funeral de los besos que ya nadie llora en un polvoriento sótano. Escucho como las letras escritas se revelan desde el más allá, retorciéndose en su ataúd de cartón.

Al final, todo cabe en una caja. Incluso lo que nos hemos dejado por el camino. Nos han enterrado vivos, y hemos enterrado a otros. Cuántas vidas nos quedarán? Cuántos intentos?

Hablo de la nada que queda en el alma de las cosas, de que no se nos concede el olvido.

Hablo de los rincones comunes, de la sombra cercana que cae, como una advertencia.

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