El Libercado

Era un planeta oscuro, húmedo y gris al que llegaban en masa seres sin futuro de otras galaxias como aquel que llega a la tierra prometida sólo que, en este caso, los ríos manaban estupendos puestos de trabajo y un futuro prometedor cargado de felicidad. “Es un planeta muy desarrollado y abierto”-se oía comentar-“Los acuerdos intergalácticos hacen que uno se sienta allí como en casa, con la ventaja de trabajar y vivir mejor”- Se repetía una y otra vez a esas pobres almas desesperadas de las cuatro esquinas de la galaxia que sólo querían ganarse dignamente la vida y que, totalmente decepcionados, tenían que huir de la mediocridad, la violencia, pobreza y terrible desigualdad del sistema corrupto que regía en sus respectivos planetas.

Ella llegó dentro de una pequeña nave chatarrera, aún tenía esperanza en la mirada y muchas ganas de entregar todo aquello que con tanto esfuerzo aprendió, en algún trabajo de esos que, acuerdo intergaláctico firmado, no iba a ser difícil de encontrar. Envió miles de cartas y esperó. Mucho tiempo. Mientras tanto realizó algún que otro trabajo de bajo rango, como limpiar las extrañas casitas espaciales del país o cuidar de niños insoportables y maleducados esperando con impaciencia un e-mail que nunca llegaba. Durante ese tiempo descubrió que para un número alarmante de los habitantes del lugar el hecho de que ella fuera de otro planeta estaba directamente relacionado con un cociente intelectual inferior al de un caracol, aunque allí tenían especies mucho más grandes. No importaba si ella había o no estudiado una cantidad considerable de años en una Universidad bajo el acuerdo intergaláctico, puesto que muchos de ellos pensaban que fuera de las curvas de su planeta, la gente vivía en los árboles sin haber superado todavía el eslabón de la evolución que los convertiría en sus iguales. En consecuencia, a través de actos y palabras, los hacían sentirse indignos y pequeños, muy muy pequeños.

Tras un año de búsqueda un buen día llegó un e-mail que parecía ofrecerle un sueño de futuro, una oportunidad, algo que hasta ahora nadie le había ofrecido. Es verdad que ella sabía desde el principio que no era el trabajo de su vida, que aquella empresa iba a alimentarse con un trabajador cualificado pagándole una miseria, pero era lo único que hasta ahora le habían ofrecido. Suponía una seguridad, una tabla a la que aferrarse y tenía al menos algo que ver con aquello que la encendía en corazón, aquello a lo que dedicó gran parte de su vida: los libros. Decidió verlo de ese modo y aceptó el trabajo.

El libercado era un edificio de cristal, como una nave gigante en el centro de la ciudad. Tenía cuatro enormes plantas a las que se accedía mediante escaleras mecánicas o ascensores y donde el cliente podía encontrar toda clase de libros más malos que buenos, calendarios, gominolas, agendas, cuadernos y un largo etcétera. La imagen de nuestra protagonista dentro del libercado distaba mucho de la de la típica vendedora de libros que, catapultada detrás de unas viejas estanterías de madera lee un libro entre el polvo y el silencio hasta ser interrumpida por la clásica y adorable campanita de la puerta. Ella corría, subía y bajaba escaleras, buscaba libros en una base de datos o en las estanterías (todo ello a la máxima velocidad posible y sin detenerse a respirar) para entregárselo a un cliente normalmente malhumorado y maleducado que se acercaba al libercado más con la intención de soltar toda su rabia y frustración al primer trabajador que se cruzaba en su camino que para comprar un libro.

En aquella sociedad de la supergalaxia, ese dicho que afirma “el cliente es el rey” era un hecho constatable, a veces el cliente era rey, el emperador e incluso dios. El nivel económico de aquella sociedad había crecido como la espuma en las últimas dos décadas, es por ello que la clase media empezó a comportarse con la arrogancia y engreimiento de la vieja nobleza pues, al fin y al cabo, ellos pagaban y por lo tanto tenían derecho a todo. Una lluvia de quejas absurdas llovían sobre ella cada día como los ladridos de los perros le llueven a la noche, aunque estos tienen más sentido pues piden companía o alimento, mientras que los otros gruñen porque el libercado se les ha quedado pequeño a pesar de tener cuatro plantas o porque los trabajadores no conocen al autor mjkhdgs y eso es una vergüenza, pues en teoría ellos deben conocer y haber leído los 2564879154786921147525585 libros que se venden en el libercado ya que tienen todo el tiempo del mundo para ello. Nuestra protagonista era asediada cada día por decenas de estos extrahumanoides con su cuerpo humano y su cabeza de piel babosa, grisácea y resbaladiza, con sus inmundas bocas de dientes afilados que sobresalían de lo que se podría llamar labios. Sus pequeños y múltiples ojos observaban todo críticamente mientras en ese lenguaje incomprensible entre el gruñdo y el siseo hacían saber qué libro querían consumir. Ella lo buscaba y lo lanzaba a sus terribles fauces tras lo cual ellos lo atrapaban satisfechos con un golpe de sus mandíbulas y se iban sin dar algún sonido de agradecimiento.

Cuando no había clientes, el trabajo pasaba a colocar los libros que, como ladrillos de papel, no dejaban de llegar en grandes cajas de plástico azul. Era una tarea automática y pesada. Mientras la llevaba a cabo, con una resignación difícilmente superable, se imaginaba que estaba en otro lugar, en otro tiempo normalmente futuro en el que habría logrado sentirse satisfecha con su vida profesional, en el que emprendería algo que enriquecería su mente y saciaría su espíritu en vez de romperlo desde dentro. Un lugar y momento futuro en el que no la tratarían como un gusano sólo porque era una inmigrante. Seguía con su tarea y colocaba los ladribros pasando de vez en cuando por aquel rincón del ostracismo al que habían condenado a los clásicos galácticos. Al lado de estos se encontraban las estanterías de bestseller que crecían sin parar con esa literatura de coktelera, mezclado no agitado, en la que se han introducido los ingredientes de lo vendible para crear esa novela estereotipada que se consume en masa, como la coca-cola. Todo ello la resultaba tan asqueroso, que el asco la subía a la garganta y no la deja respirar.

Entre las estanterías se movían sus compañeros de trabajo en sus cápsulas espaciales individuales. Estas capsulas les protegían del contacto con los demás, puesto que sentir algún sentimiento por los demás trabajadores que no fuera competitividad debilitaba su sistema inmunológico de tal manera, que en tres días encuentraban la muerte por humanidad. Dentro de las cápsulas se sentían seguros y conspiran para mantener su estatus y lograr un puesto más importante, siempre mejor que el de los demás.

Lo cierto es que, dentro de lo incompresible, allí todo tenía su lógica, aplicable al planeta entero. A pesar de ello, aquello era demasiado para alguien que se negaba a meterse en una de esas cápsulas individuales y que no quería protegerse de todos aquellos valores e ideas en los que siempre había creído. Así, lanzada por las circunstancias a un mundo sin sentido, sólo podía entregarse a esa resignación tan negra compartida por tantos inmigrantes. Volver no era una posibilidad, aunque a veces se le pasara por la cabeza.

Nueve de la manaña, el libercado abre sus puertas y deja pasar a las hordas que ya se amontonan en la puerta. Ella inspira profundo y piensa -sólo un día más, es sólo un día más-.

mnkcsdmioewiocjne

El primer cliente del día ya exigía su producto.

Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo Dies Irae, Germánicas

3 Respuestas a “El Libercado

  1. Mago del Siam

    A man who limits his interests, limits his life

  2. Cuando no es el hombre sino la situación y el entorno lo que limita los intereses del hombre, ya hablamos de otro cuento. Al fin y al cabo, uno tiene que comer cada día y cuando eso se tiene cubierto, ya se puede empezar a pensar en otras cosas, Maslow dixit. Como jura una postal que encontré por estos lares: Das Leben ist nicht nur Pommes und Disco (La vida no es sólo patatas fritas y discoteca). Amen.

    • Mago del Siam

      No quiero verme condicionado por mi entorno, quiero que mi entorno se vea condicionado por mí.
      Si sabes lo que vales, ve y consigue lo que te mereces

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s