Archivo mensual: mayo 2015

Adalbertsteinweg

Hoy Gregor Samsa estaba en mi mesita de noche presa ya de la metamorfosis. Sin piedad, como un padre furioso, lo aplasté con un libro de esos con introducción de la amante del escritor. Otra vez ese bloqueo en la garganta que se cierra como si alguien apretara una tuerca de hueso. Los currículos sin enviar, las montañas de futuros posibles e imposibles que se amontonan sobre la mesa y cuando los ordeno me pierdo en millones de caminos que esperan la lluvia bajo ese cielo que no perdona, impasible en su azul firme de piel joven. El bloqueo muscular ante tanta posibilidad, mirarse los pies inmóviles que ya parecen ajenos y de pronto los brazos comienzan a moverse en el aire trazando interrogantes, danzando como poseídos por el vacío y la búsqueda. Otra vez el silencio.

Vuelvo al escritorio con vistas al muro de enfrente, la libertad vive en un patio tan pequeño como la habitación de un manicomio, en coma inducido murmura algo con sus labios etéreos que yo ya no puedo comprender. Qué te empuja a ser, qué se espera de ti. Otra vez el silencio.

Me apoyo en el escritorio e intento descifrar de nuevo esa gramática del silencio instalada en mi frente cansada de buscar la paz de las respuestas; pero el silencio es uno y se acomoda en sillón ajeno quedándose hasta tarde. Invitado indeseado sorprendiéndonos con su cháchara sonoramente muda y vivaz que nunca nos satisface.

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