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Insomnia

No sé dormir la nada que guardas. Es lo único que descompuso las sábanas de cuadros, la persiana sin bajar: la máquina.

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Psicología de folletín y otras recetas de conquista

No te permito ni la potestad de la ira. Es irrisorio.

No, adoleces de psicología barata, de caminos que conozco de memoria. Normal por decisión. Uno más por decisión. Te vendiste, te traicionaste a ti mismo por decir sí, por asentir como todos y negar cuando te lo ordenaban. Y ahora me doy cuenta de que simplemente no había nada, qué sorpresa descubrir que no hay entrelíneas, qué capricho, qué desconcierto la corteza de árbol que cubre tus manos.

No sé cómo explicarte: ¿Cómo definir un juego sucio, mientras piensas que me lo trago todo como un gargantua gigante de cartón piedra?

Escaneas tu vida y no quiero estar presente: no quiero que me vendas nada más.

Ya no soporto que creas que no conozco la estrategia cuando está tan gastada, la estrategia del reptil frente a las patas de un caballo que descubre fuentes. Por eso ahora encajo piezas que nunca existieron en realidad: una receta para conquistar, sin ser lo que decías por la boca, ni pretenderlo. Tú no tienes dos caras, no hay más fondo, no hay más; eres como uno de esos personajes planos que caminan por la vida como si nada, haciendo de la misma acontecimientos que se repiten una y otra y otra vez. La palabra que colmó el vaso, el paso del ser al no ser que terminó con mi paciencia.

¿Crees que vivir es como jugar una partida de Risk? Lo que crees es que las personas que te rodean son los soldaditos de plástico, que nadie se entera de nada mientras tú los llevas y los traes como te apetece. Una prueba, dos, tres, esto parece el Gran Prix, y tú sin darte cuenta de lo patético que resulta.

El juego del oscuro irresistible, de ir probando por si de algún modo presionas el botón de mi interés. No, no, no. Aprendo el no y como dijo un Lobo, tercera lección.

La caricia se transforma en arañazo. Ya lo decía Hume, causa efecto no están conectados, tu carácter está redactado en columnas, como la lista de la compra.

Cristal y metal contra las marcas de cantero….

Explanations…bla…bla….bla……..

Cansancio.

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Luna pluriempleada

Llevo varios días con la primavera en la boca del estómago. La primavera siempre me recuerda el mismo amor, aunque sólo fuera amor de rato en rato, y el resto del tiempo sólo se consumiese esperando, corriendo la sangre por los adoquines de su calle, por las vacaciones de un minuto: La primavera me recuerda siempre el mismo amor, los besos en la puerta, la estación.

He mirado los coches y no me equivoco: estos días hacen unas coreografías extrañas en la autovía, coreografías de muerte, pitazos, al ritmo de M8Oradio o de algún cd perdido en el olvido. Y la luna? De pronto me parece el escabel de las vígenes apocalípticas, como el arco de Diana o…la sonrisa del gato de Alicia en el País de las Maravillas, hasta la luna está saturada de mis sueños: es una luna pluriempleada, plurinterpretada, pluriplateada, la luna.

Llegan los días de nos saber qué ropa ponerte, porque siempre terminas pasando frío o calor, y mientras camino de conferencia en conferencia, visito el nuevo museo de El Greco, del que sólo me gusta el balcón, y allí me planto, con la excusa de tener calor, lejos de la gente, a mirar el cielo, a respirar un poco. Escucho a una de las jefas de conservacicón de museos pedir al director que avise al personal para que borre las huellas de la arena artificial que ahora han puesto en las cuevas, la he odiado en sólo un segundo. Mientras me venden una instalación museográfica genial, yo asiento y asiento, mientras me voy desvinculando del grupo y finalmente me escapo como de una cárcel de cosificación, paseo por unos jardines cosificados y me marcho intentanto no cosificar mis sentimientos, haciendo grandes esfuerzos por no partir el asfalto a cada paso.

Encajada, dormida, en un tono neutro, así me pinto ahora: sin tercera dimensión, como un icono bizantino emborronado. Todos los días iguales: IGUALES.

Y la primavera se presenta con sus medias caladas, mientras desde estos ojos, la veo pasar: mis sentimientos tan quietos como el agua estancada, los labios contando en alemán y las manos sobre las tecclas del ordenador….

Eins…zwei…drei…

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forget forgot forgotten

Te estoy olvidando por completo. Me arrancaste la jaula en la que me protegía de las heladas de este lugar, pero ya ni siquiera me duele la ausencia de esos barrotes, sufro más por la ausencia de montañas y bosques donde respirar, por la ausencia de esas migraciones al norte, donde la gente no se conoce. Cuando ya has recorrido suficientes kilómetros que te separan de una tierra seca, de un lugar al que tienes asociado toda la oscuridad que ha venido en nubarrones y en rachas a tu vida, desde que tenías cuatro años, sin ni siquiera poder comprender.

En el autobús, me comían los nervios por llegar, y comenzaba a respirar cuando estaba más lejos, cuando el paisaje cambiaba del amarillo inhóspito a la humedad de un verde, a las cimas picudas que desafiaban al mismísimo cielo. Sí, recuerdo aquella vez, aquella navidad que nevó y había buitres en la carretera, era un puerto de montaña que parecía conducir al invierno, y me daba miedo recorrerlo en autobús, sobre todo cuando nevaba.

Bob Dylan de fondo para recorrer Cantabria en una vieja furgoneta, no está nada mal, no nos importaba dormir en los coches, ni en los pórticos de las iglesias románicas. Era la vida, que lo llenaba todo con el pulso de un momento, con una electricidad que me llegaba a las yemas de los dedos, y que con el tiempo se volvió hacia dentro quemándome los nervios y la paciencia.

No es que te eche de menos, me echo de menos a mi misma y a cómo solía ser: caminando por el monte con los pantalones y el pelo empapados, con una mochila raída de emociones, con unas botas sucias, incansables de pasos y kilómetros. Pero con el tiempo comprendí, que como dice una gran canción: “Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”. Encaramados a un muro, para escuchar el mar, parecíamos vigías de las olas, aquella noche tan fría, y resulta que con el tiempo, se llevan los recuerdos a rastras, porque pesan demasiado.

Quisiera salir de esta pecera existencial, y te escribo para que no me leas, soy consciente de que ya, en el límite del olvido, nada importa.

 

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