Y la noche cae

Desde el grito hasta el tópico, de nuevo aquí. El invierno es más suave que acostumbra en la frontera, puedo salir a la calle con el abrigo de paño, sorprendida mientras pienso que hace no tanto veía el este de la ciudad por mi ventana y que ahora vivo justo en frente de esa torre que se dibujaba entre la lluvia. Y aquí estamos, en el prometedor extranjero, buscando un lugar. Parada, después de haber vivido tan deprisa, mis días de 25 horas…

Las ideas no encuentran dónde posarse y los bocetos de mis pasos futuros no acaban de pasar a la tinta definitiva. Y puedo ver, cómo de esos cielos intempestuosos del principio, ha quedado un tranquilo cielo nublado que ya no amenaza tormenta, sino que se deja empujar por el viento.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Café Kittel

GRITO

Ya se nota el peso de diciembre, el del otoño, que llega tarde como si alguien se hubiese suicidado lanzándose a octubre y otro hubiera tenido que limpiarlo todo. Es verdad que este diciembre pesa como un grito, que se parece a hablar como si no importara, en todas esas veces en que debes resumir el dolor en mil palabras y pensarlas una a una para no excederte, entonces parece que no va contigo, que ya eres cualquiera y que todo eso no ha pasado nunca. Y espero, como ya esperaba antes, que las luces se apaguen, que la casa de quede en silencio para irme a la cama, para mirar techo y formular preguntas, para soñar con ojos y manos que de verdad entiendan, que de verdad hayan vivido, que algo conozcan.

Sí, diciembre es como un grito que nos rompe los tímpanos, que se queda en los cafés llenos de gente, mientras el silencio más absoluto se corta por el sonido de la máquina de café. A veces no hay más soledad que las palabras, ni más infierno que las sílabas de los meses.

5 comentarios

Archivado bajo Psicopatías

Quinto sin ascensor

Me gustan los áticos. Siempre me ha gustado recorrer todo ese paraíso de tejas y ventanas pequeñas con sólo levantar los ojos, sin salir del refugio de silencio que envuelve mi escritorio. Hoy la lluvia enturbia las siluetas de los edificios más lejanos, incluso la torre cuadrangular de la Joseph Kirche, que marca erguida el este de la ciudad.

Mi habitación, con su techo ligeramente inclinado, se abre al exterior por dos ventanas, tan rectangulares como pequeñas: una se sitúa frente a la mesa, la otra, de la misma longitud que la cama y pegada a ella, me despierta cada mañana con un chorro de luz que me cubre de pies a cabeza. Aquí, la ausencia de persianas es algo corriente y las cortinas, finas y translúcidas como el papel cebolla, luchan ferozmente con los amaneceres, que siempre son temprano, aunque una no quiera madrugar.

Desde mi atalaya robo la intimidad de los otros, sus ventanas desnudas no me niegan nada, veo cómo juegan con su pelo mientras hablan por teléfono y siento sobre los párpados las luces amarillas de sus cocinas, me cuelo en sus tardes de domingo, en los cascabeles de sus gatos de balcón. Me pregunto a veces si alguien será cómplice de mi desorden, de mi rutina de duchas y velas encendidas en esta repisa abierta al vacío.

Deja un comentario

Archivado bajo Germánicas

Ven

– Ven conmigo al lado oscuro

Gesto de incomprensión

-ven, ven conmigo al otro lado…tengo galletas…

La risa partiendo en dos la mañana.

Deja un comentario

Archivado bajo Germánicas

Fracciones

Sus pupilas se cerraron de golpe, negándose a toda luz. El gesto de su rostro se contrajo, paralizado en aquella fracción de segundo apenas perceptible. Después, tras una palabra, soltó todo el aire a la vez y sus músculos vencidos se expandieron en la silla, totalmente derrotados.

2 comentarios

Archivado bajo Escritura automática

Cambio cromático

A ti, con tu posibilidad y tu prisa. A ti y al color confuso de tus ojos (¿azul, gris o verde?). Tú, que buscas el contacto de mis rodillas con dedos tartamudos, mientras estática repaso todas las historias que no hemos vivido, las que nos son ajenas a la luz del relámpago.

Paso por la Krämerst. y me asaltan todas estas imágenes con punto y seguido, en esta calle de melancólicos juegos de sombras que merece la pena fotografiar. Ha llegado el tiempo de los helados, el tiempo de ese cielo raso que tanto te gusta, salpicado de nubes. Nos reafirmamos en la primavera aún con algo de abrigo, pero tumbados en esas hamacas que hasta ayer no conocía y que han pasado a ser otro punto de encuentro, otro lugar que echaré de menos. Ahí nos desplomamos heridos, también con lluvia, porque no hay nadie, y con el dorso de la mano difuminamos ese tono saturado, verde acuarela de los campos. Tú lo intentas con Saussure y yo con el perro que viene a olfatear mis zapatos, con la ley física que siguen los cuerpos cuando coinciden y convergen en la dimensión espacio-tiempo, aunque partan de direcciones opuestas.

Vuelve, a la mañana siguiente, cuando me siento en estas escaleras de paso, la confusión sobre tus ojos: trato de adivinar la luz que absorben, intento seguir la parábola perfecta que trazan de un punto a otro, manchando de gris y niebla todo lo que tocan.

Deja un comentario

Archivado bajo Germánicas

Los doce trabajos

Porque nos ponemos así cuando llueve y tiramos las miradas al suelo, pegajosas, como trozos de mermelada. Siento como me sube el NO a la boca del estómago mientras guardo la compostura, sentados en la misma mesa, removiéndonos en el asiento. Me pregunto porqué cedí, porqué escucho todas esas opiniones disfrazadas de consejos. No tiene lugar la discusión y todos hablan a la vez, se me mezcan en el cráneo las palabras.

Pero ya está, el pánico vuelve al imprimir fotos de pareja, como un mal presagio. Me enfrento a la impresora totalmente decidida y serena, como si fuera a vencerla. Los doce trabajos. Pienso en las veces que se nos entierra antes de morir, metiendo todo nuestro amor en cajas, las cartas, las postales, las fotografías, el funeral de los besos que ya nadie llora en un polvoriento sótano. Escucho como las letras escritas se revelan desde el más allá, retorciéndose en su ataúd de cartón.

Al final, todo cabe en una caja. Incluso lo que nos hemos dejado por el camino. Nos han enterrado vivos, y hemos enterrado a otros. Cuántas vidas nos quedarán? Cuántos intentos?

Hablo de la nada que queda en el alma de las cosas, de que no se nos concede el olvido.

Hablo de los rincones comunes, de la sombra cercana que cae, como una advertencia.

Deja un comentario

Archivado bajo Germánicas