Archivo mensual: febrero 2011

The Cure: Lovecats

Tras una tarde muy freudiana, pongo como timbre final esta canción, y este video (de alargadas sombras)Lovecats….

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Are the wonders of my world

Quizá sea tarde para estar despierta meditando los pormenores de la lejanía, los parabienes de la niebla. Ya pasaron las doce, cenicienta de labios desdibujados, quieres darle forma a todas las canciones que hablen, que digan algo de ti. El alma de musgo, en una tierra de grietas y marrones manchados de tristeza, no hay grieta posible, ni dios se asoma a veces.

Redactando éticas imposibles en papeles sucios, en un día a día, tan lejano a respirar.

El expresionismo te sigue con sus patas aterciopeladas, como un gato negro, de ojos muy parecidos a los tuyos: tenemos mirada viva las veinticuatro horas del día,tenemos unos espejos de oscuridad en la cara, que con el sol se encienden, arden como el cielo en un atardecer, tras un día de lluvias . Se escribieron notas de alguna melodía,  alguna melancolía, en los pentagramas de tus pestañas, en el papel pautado de las palmas de tus manos.

Ya no nos hacemos las mismas preguntas,ni comprendemos el amor de la misma manera, ya no hay trenes perdidos, ni relojes en la papelera. Todo tiene otro matiz, ahora tienes otra cáscara.

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La guitarrista inocente

El pasado sábado discutí con el pianista. LLevaba yo mi guitarra presta y en la cabeza una melodía que acababa de componer, pendiente de algunos arreglos y de un acompañamiento para piano, que en ocasiones hiciese las veces de bajo. Así pues, me apoltroné de mala manera en el sofá (qué terribles son los sofás para tocar la guitarra), coloqué la cejilla en el segundo traste y comencé a tocar aquel boceto, que inocentemente compuse en Sol Mayor. Le grité por encima del sonido de la guitarra los acordes de la melodía, todo correcto, hasta que empezó a obcecarse en que la melodía no estaba en Sol Mayor, sino en La Mayor, y me tocaba los acordes en le piano para hacerme ver que así era.

Aquello no acababa de encajar: yo estaba segura, muy segura de conocer los acordes como la palma de mi mano, o en todo caso los innumerables cayos de mis dedos lo están. Gajes del oficio.

El pianista se levanta y camina hacia mi con su porte desgarbado, mira la guitarra, y asegura que claro, he subido la canción un semitono…¿¿¿????…Yo estaba absolutamente contrariada, pero como toco prácticamente de oído, de no ser por algunos años de formación en esto de la música, y el pianista estudia en el Conservatorio Superior de Madrid, habrá que hacerle caso. Así que empezamos a hacer apología del transporte de acordes, que si bemoles, que si sostenidos…No salía de mi asombro, ahora no sólo estaba tocando en La Mayor, sino en Si bemol Mayor.

Yo veía carreras de caballos en el mástil de me guitarra, incluso aposté por la tercera cuerda. Me volvía loca, se lo aseguro. En un momento de lucidez, e interrumpiendo su clase magistral, le hice ver que la suma era importante en la vida cotidiana, incluso para los “de letras”, apestados de la sociedad del botón, el ingeniero y la máquina: Si cada traste sube un semitono…por cinco mil euros…¿Cuántos tonos estaba subiendo la melodía? Respuesta: Uno.

Al darse cuenta de su error y de toda la parafernalia de ingenierada musical que estábamos montando, se le mudó la color, y a mi me asaltó un sospechoso tic nervioso en el ojo.

Quería matarlo.

Este cuento, como los de Don Juan Manuel, tiene su moraleja:

“Si está usted convencido de alguna cuestión y viene otra persona a contrariarle, no le haga caso, por muy pianista del superior que sea”

Desde aquí, le mando un abrazo y otro para la Silvestre, asiduos ambos de tan alegre lugar.

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fotografiar la lluvia

Soy la fotógrafa de las hojas muertas, de los remolinos de aire de repente, que elevan la arena en espiral, como un espíritu enfurecido, que se despierta de súbito a tu lado.

Tengo una madre que me culpa, y cuando me insulta, me sirve vino casero para comer, a modo de disculpa.

Bebo un café muy caliente que me quema las palabras escondidas en la punta de la lengua. Cuando barro mi cuarto, salen tijeras de debajo de la cama, siempre mi puesto al revés en la guitarra. Tengo un sueño semitonal, sostenido y pobre, y soy a veces tan compleja de leer como un poema con demasiados encabalgamientos, parece que te falta el aire.

Me paro en los con-fines, que siempre son con-mienzos, mis cortinas rozan el suelo, y me siento en un árbol caído, en el horizonte que no se ve.

Soy la fotógrafa de la lluvia, en los días que nadie sale de casa…

 

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Somnium Scipionis

“El alma, según nos dice Cicerón en el Somnium Scipionis, por dos medios recobra la memoria de la divinidad: por la contemplación del saber y por la música.”

(Liada con la poesía de Fray Luis, he encontrado este curioso dato en las notas al pie del poema dedicado a Salinas, en el que habla de la elevación que sufre el alma gracias a la música (no podía ser de otro modo) Podéis encontrar una edición deliciosa de la poesía de Fray Luis en la cita que os dejo abajo )

DE LEÓN, FRAY LUIS, Poesía, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2006.

(edición de Antonio Ramajo Caño)

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El Apocalipsis que recuerdo

Dejo algunas fotografías que tomé hace algún tiempo de las imágenes de una puerta, que ya pasaban demasiado calor (estaban a punto de irse). Solemnidad bajo el castigador sol de agosto, reflexión para un cerebro recalentado, espero que os gusten:


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Impresión sol naciente

Hoy Renoir camina cabizbajo, está azul, como la etapa triste de Picasso. El arte resulta maravilloso cuando se explica con la sencillez de un cuento infantil, que habla de palomas perdidas. Una vez más la vida me demuestra que no hay días Cielbrouillé sin granizo burocrático unos días más tarde. Tendré que acostumbrarme. Esa niebla de mis labios desdibuja otros horrores, otras tiendas de recuerdos malparados donde venden NOES al cincuenta por ciento.

Un gato universitario dormido sobre un radiador, que ha perdido la esencia de gato. Mis ganas de comprender el alemán, danke, nein, ne, ne, ne… Encontrar lo sublime en drácula no es tan complicado como mirar las baldosas blancas del baño con los ojos borrosos de decepción. Otra clase que me salto yendo, Fusli en cuatro línas, un blanco nacarado, el vapor azul de los trenes de Monet. Una estación muy ajena, que no tiene relojes. Una atmósfera de las seis de la mañana, como un aeropuerto sin nadie.

No puedo mirarme al espejo, el horror el horror, ya ha vuelto con su capa de orgullo, como un llanto en la puerta de un colegio.

La memoria funciona a veces como una cita bibliográfica mal puesta, sin conducir a nunguna parte.

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